etapa bridget. capitulo uno.
Las particularidades que tiene no ser mortal es que puedes vagar eternamente adoptando diferentes personalidades. Una de las que más me gusta es esta, mi etapa Bridget. Pasé mucho tiempo intentando encontrar el equilibrio entre maruja sofisticada y chica preparada para todo. La verdad es que nunca lo encontré, pero mientras viví esta etapa me sucedieron cosas como las que voy a narrar. Es retrospectivo en el tiempo, y se que algunas personas que lean esto ya lo conocen. Pero, para alimentar mi ego os dejo con este relato por entregas del cual hoy, referiré la primera parte.
WASHINGTON D.C.
OFICINA CENTRAL DEL F.B.I.
Agente, por favor, se lo he explicado ya un montón de veces a toda su gente, no soy ninguna terrorista internacional. Ni siquiera sabía que aquel tipo había trabajado para su gobierno.
Se lo contaré una vez más. Verá, aquella mañana yo era lo que se puede decir un ama de casa con un humor de perros tras haberme puesto la noche anterior el camisón más-sexy-del-mundo
y no haber servido absolutamente-para-nada. Mi casa era un campo de batalla minado de juguetes, ropas, calzado y polvo. Y yo decidí enfrentarme a todo ello de la única forma en que mi estado de ánimo me pedía: con sentido práctico supuse que del camisoncito de marras saldrían unos cuantos trapitos bien suaves para limpiar el polvo, así que cambié mi indumentaria por un viejo uniforme de marine de los EEUU que alguien dejó una vez olvidado en casa tras una fiesta de disfraces. Puse la música de “La chaqueta metálica” y tomé la escoba cual fusil de entrenamiento para ir calentando motores en espera de que desapareciese mi mal humor,
el cual fue en aumento nada más ver el alrededor del inodoro. ¿Sabe agente? Nunca comprenderé que tienen los hombres en contra de hacer pis sentaditos. Debe de ser una de las grandes e insalvables distancias entre sexos. Bueno, en todo caso y aunque tenía en mente mil y una maneras de asesinar a más de un guarro, comprenda que era sólo una fantasía motivada por el cabreo que un día de limpieza puede provocar en el cerebro de una mujer. Por eso vertí la botella entera de salfumán en el WC, pensando en sí ponerme la mascara antigases o las gafas de visión nocturna para localizar mejor al enemigo: Los gérmenes, microbios y demás individuos que atacan la integridad de una ama de casa que se precie.
Fue entonces cuado llamaron al timbre.
”Oh! Seguro que es Mr. Proper que viene a echarme una mano”, pensé. Lástima. Era un individuo que me miraba con extrañeza y que dijo pertenecer al circulo de lectores. ¿Sabe lo pesados que pueden llegar a ser, agente?
Pero el tipo me cayó bien. Parecía ser su primer día de trabajo y estaba un poco nervioso e intimidado, lo cual confieso que me vino de perlas y lo convertí en representación de todos esos hombres que miran cuerpos Danone mientras su mujer llena cajones y cajones de trapos de todo tipo: Trapos de seda, de satén, etc. Comprenda que yo era una mujer indignada...
Y le invité a pasar. Le hice sentarse mientras yo repasaba la colección de cuchillos y machetes en miniatura, regalo de un tío lejano. Me preguntó sobre mis gustos literarios y le conteste sin dudarlo que en esos momentos lo que más me interesaba eran los crímenes de guerra y los asesinatos múltiples.
TO BE CONTINUED....

rosa dijo
Me ha encantado tu post.
El mensaje que lleva y esa cierta ironía ha hecho que sonria imaginándomelo.
Espero el próximo capitulo lo antes posible.
Saludos
15 Enero 2007 | 06:31 PM