las zapatillas de correr
MOTHER_VS_CHILDRENS_VS_DELINCUENTES
Que pesado se hace a veces el día a día… no saber que te va a pasar o que vas a hacer. O, quizás en que te vas a convertir.
Te levantas un buen día siendo una Maruja cualquiera (como no) pero te acuestas siendo la teniente O’Neil (por lo menos).
¿Qué por que?
Pues basta un ejemplo para que el “érase una vez caperucita roja que iba a llevarle una cestita a su abuelita” te parezca que como poco dentro de la cestita en cuestión había drogas de diseño.
Veréis, un día normal empieza levantándote con un look de Maruja total, nada especial excepto los rulos, que gracias a las tendencias actuales sustituyes por unos ganchos aquí y allá, un batín rosa desgastado y unas zapatillas Niké. Si no puedes permitirte el lujo valen las que venden en los chinorris a un precio módico. Principalmente recalco lo de la marca por que dado el uso que les vamos a dar, aconsejo una calidad que perdure en el tiempo.
Bueno, a lo que íbamos. Te calzas las zapatillas en cuestión y… corres más que Forrest Gump cuando le dio por ir de Oklahoma a Ohio, o a Utha o como quiera dios que se llame cualquier estado yankie separado por, total, unos cuantos cientos de millas.
Crees que has batido todos los records si consigues que tus hijos lleguen puntuales al colegio, tarea ardua difícil.
Tambien crees que por que coño Britney Spears es mejor madre que tu, si total jamás se le ocurriría hacer un cocido a media semana.
Sigues creyendo que no tienes que asistir a la pasarela Cibeles solo por que tu hija necesite unos pantalones vaqueros.
O sea que hacemos lo que todos: Vamos a Zara y punto.
Lo malo es que para ir al Zara he tenido que pasar de ver la telenovela, de no estar al día en cuestiones del “aquí hay tomate” y encima me he perdido “House”. Y lo peor es que me he tenido que quitar mi bata calentita, si, la rosa desgastada.
Y cuando por fin llego a la sección de pantalones, sin saber como, me mangan la cartera. Como no, ni cuenta que me doy. Pero algún H de P se ha llevado mi sueño americano… y mi hija no va a tener pantalones vaqueros.
En ese momento decidí que mi vida tenía que cambiar.
Nada de bata rosa, ni rulos, ni ganchos.
Nada de comparecerme por alguien que pide y quizás luego te roba, no se si a lo mejor hago mal, pero la rabia que siento en este momento es…. Totalmente destructiva.
Las zapatillas si. Las necesitare.
He corrido hasta la comisaría más próxima, he hecho mil papeleos. Pero mi hija se ha quedado sin sus pantalones vaqueros.
He corrido mil kilómetros más para poder entender por que sucede esto.
Y he llegado a la conclusión de que no pienso correr tanto, por que no merece la pena.
Las ONG puede que tengan prisa para que corra, con el tema de la inmigración.
Yo ya no tengo tanta prisa.
Yo quiero un poco de tranquilidad para asimilar que no todo es lo que parece.
¡Y quiero mis zapatillas!
Un día normal me levanto con ellas y corro tanto que cuando quema la sopa hago un sprint por el pasillo y digo:
“Truco de magia: ponemos un cubito de hielo en el plato y remover, remover… ¿a que ya no quema?”
Mientras tanto digo:
“Ya no quema la sopa, por favor, corred, que la carne se queda fría”
Y lo que estoy pensando es:
“Como estos no acaben de comer llegaran tarde al colegio, y yo a mi trabajo”
Mis zapatillas son mágicas. Lo se.
Después del altercado me pase por sitios inimaginables. Hable con policías de Nueva York, me fui de copas con Starsky & Hutch, intercambie puntos de vista con Al Pacino, e incluso me entreviste con Quentin Tarantino.
Aprendí. Y bastante.
Soy capaz de pronunciar con voz hollywodiense: “Al suelo…”
Pero lo que mejor me sale es decir a mis hijo:
“Muchachos, tengan cuidado ahí fuera…”
Y ahora, si me permitís, me pondré de nuevo la bata rosa desgastada…


las-manzanas-de-eva dijo
me caguen la leche!!! las dos de la mañana! me voy a quitarme ya la bata rosa y a ponerme el pijama...
8 Noviembre 2007 | 02:07 AM